domingo, 8 de octubre de 2017

LA MUERTE DE LA AMISTAD [MINI RELATO]

Ambos creían tener una de las mejores y más intensas relaciones de amistad a pesar de sus discusiones, las cuales solían arreglarse en seguida. Iniciaron muchos proyectos juntos porque unidos formaban un buen hándicap para el trabajo. Su conexión era única, lo nunca visto por ninguno de los dos. 

Se encontraron de casualidad o no, quien sabe, por la necesidad de él, buscaba algo, necesitaba ayuda y con ella lo encontró. 

Desde ese momento ella siempre estuvo ahí, apoyándole, anudándole e incluso soportándolo, a pesar de su contrariedad con la amistad y de su muro de piedra. Quizás él a ella también la soportaba, pero las relaciones de amistad o cualquier relación siempre son así. 

La amistad creció, evolucionó y cada día su estima era mayor. Él cada día estaba peor, más hundido, le costaba seguir adelanto y ella seguía ahí sujetándole la mano, aunque tuvo que empezar a soportar ciertas conductas egoístas que la mayoría de veces pasaba por alto. 

Ese halo de egoísmo inundo la relación, no se daban cuenta pero fue así, muchos la avisaron, nunca hizo caso, quería a su amigo, no pensaba en él como un enemigo. 

Ella siempre fue desconfiada con ciertas cosas, él siempre se lo recriminaba, que nunca iba a pasar, que él siempre iba a estar y que nadie le quitaría su presencia, y ella seguía dudando. Esa duda la ayudo en parte a estar alerta ante cualquier cambio o sorpresa aunque los shocks no fueron nunca evitables. 

Las palabras de cariño volaban por doquier pero los actos cada vez eran más escasos, y hubo alguien que dijo, “las palabras se las lleva el viento…”. 
A pesar de todo vivieron momentos de plena felicidad, juntos, disfrutando de sus hobbies e incluso de su trabajo en equipo, introduciéndose en sus vidas, en sus familias, defendiéndose a muerte ante las amenazas externas. Desde fuera solo veían a los compañeros perfectos ya que su trabajo en equipo era simplemente de diez y de sus bocas solo salían buenas palabras. 

Nunca ceso el empeño de ella, de ayudar, de hacer cualquier cosa por salvar la situación de su fiel amigo, una y otra vez le demostró su presencia. Él a ella también pero en ocasiones contadas, tenía demasiados problemas y demasiadas ocupaciones para ver lo que estaba pasando, él la tenía ahí cuando quería y eso le bastaba. Nunca se dio cuenta de que al final ella era la que estaba sola. 

Llego el momento de intentar expresarse, ella lo intentó una y otra vez, quería hacerle ver como se sentía con sus actos, le costaba mostrar su interior, le costaba no sacar su fuerte temperamento y le era imposible mediar con el sentimiento de frustración ante el hecho de no ser escuchada o ante el hecho de que él no aceptara sus respuestas negativas. Quizás fue su culpa por no poner remedio desde un principio. Sus problemas se hicieron mayores y enfermó, no a causa de su amigo si no de todo lo que se había estado echando a sus espaldas, tanto en su vida privada como laboral.

 Las peleas cada vez eran más continuas y aún así siempre había remedio, al parecer en este caso el cariño siempre ganaba la batalla. 

A pesar de su “enfermedad” ella siguió aguantando y parecía que había un halo de esfuerzo, por parte de él, en querer apoyarla y demostrarle su presencia, pero le costaba, siempre había un paso hacia atrás.

Pero de repente, cuando las cosas peor estaban, cuando ella ya no pudo más y más necesitó de él, él empezó a distanciarse, a desaparecer, a hacerse el loco. 

Pronto supo que había conocido a alguien, una mujer que al parecer llenó uno de sus vacíos existentes hasta el momento, el vacío del amor. Un vacío que él siempre negó y del que huía sin mesura. De repente dejo de necesitar a su amiga, casualidad, y empezó a demostrar lo que ella siempre había temido, la utilizaba como soporte en esos momentos en los que estaba solo, ahora ya no lo estaba y en seguida se empezó a descubrir la verdad. El paño de lagrimas cambio de aspecto, de nombre y de ubicación. 

A pesar de todo intentaron solucionarlo, intentaron buscar un consenso, una normalidad  pero de nuevo el egoísmo de él resurgió y abandonó del todo a su amiga en su peor momento. No cumplió con nada de lo hablado, no quiso mantener la cercanía. El abandono fue literal y ella empeoraba a cada segundo. 

Después le llegó el turno al trabajo, ya no se comunicaba ni para eso, solo cuando a él le corrían las prisas y ella, fulminada por su situación, dolida por su dejadez y por no haberle contado las cosas antes, tuvo que decir ¡basta ya!.  Decidió cambiar las cosas, decidió decir no por una vez, un no rotundo.

Él no había confiado en ella para algo tan grande como eso, había encontrado el amor y no fue capaz de decírselo, según sus argumentos el miedo de perder a su amiga le pudo, un miedo que al parecer era totalmente falso porque al final la perdió o la echó y de la peor forma posible. 

Fue en ese instante en el que las peleas volvieron, pero esta vez sin vuelta atrás, él demostró en cada una de sus conversaciones que ya no la necesitaba y que por tanto no le importaba nada de lo que hasta ese momento había proclamado por activa y por pasiva. Sus palabras se volvieron mentiras y se convirtieron en polvo y como ella siempre había proclamado, se las llevó el viento… Nunca pudo entender que fue lo que paso, como algo tan grande e intenso pudo romperse de esa forma, si tanto la había querido, ¿Cómo podía haberla abandonado de esa forma sin ningún tipo de dolor?
 Muy fácil ella nunca le había importado. 

D.E.P. Amistad